bailar tango

El Baile Social no es competición

Con 8 años me embutí en mi primer maillot de bailarina y me dirigí de la mano de mi madre por primera vez al Conservatorio de Danza de Sevilla. Al poco tiempo ya me calcé mis primeras puntas y comencé a descubrir que flotar por el aire con una sonrisa en la cara puede ser muy doloroso. Si algo te enseña la vida de bailarina en un Conservatorio de Danza, es que la competición lo es todo. Solo hay lugar para las mejores, para los cuerpos más resistentes y la determinación sin fisuras. Competir contigo misma y con las demás es tu modo de vida desde tu más tierna infancia.

Ahora, después de 20 años como profesora veo casi con tristeza cómo ese “espíritu de Conservatorio” se apodera también del baile social al que amo tanto como al clásico. Cada vez veo menos sonrisas en las pistas de baile. Cada vez veo más gente bailando para los que miran desde la orilla de la discoteca o el pub de turno. Cada vez veo menos gente bailando para su pareja de baile. Un mundo de miradas de los demás los separan. No importa si hablamos de Bailes de Salón, Salsa, Tango, Kizomba o cualquier otro baile social.

baile social

Pero el baile social no es competición. Es conversación. Lo que debemos enseñar los profesores en nuestras clases de baile, son códigos para una comunicación no verbal. Es un lenguaje universal que permite que dos personas que no comparten nada excepto una pista y unos pocos minutos abrazados mientras suena la música, puedan hablar el idioma universal del baile. Respeta a tu pareja. Te debes a ella durante esos 3 minutos que dura la pieza. Baila con ella. Baila para ella y para ti. ¡Comunícate!.

Por mi parte, jamás permitiré que ese espíritu de competición mal entendida inunde mi humilde academia de baile. Donde yo dé clases, la profesionalidad y el rigor técnico siempre tendrán el mismo valor que una carcajada. Os lo prometo.